a cada uno lo suyo

últimamente se habla mucho de si los políticos ganan poco o mucho. Yo creo que unos ganan poco, muy poco, y otros están pagados de sobra. Me explico:

* los que ganan mucho; en este cesto meto a concejales, diputados provinciales, senadores y otros cargos obsoletos o redundantes, consejeros a dedo sin más cualificación que la "confianza", cargos medios que ganaron su oposición hace muchos años y que, ahora, sin contenido alguno, pululan por la administración adscritos al partido gobernante de turno. Y los que no conozco ... También meteré al Rey, cuyo salario no es individualizado, pero que recibe unos 10 millones de euros al año por mantener la Casa Real.

* los que ganan muy poco; todos los cargos electos que gestionan más de 50 millones de euros de presupuesto anual. Entre estos se encuentran todos el presidente y todos sus ministros, los presidentes y consejeros de casi todas las comunidades autónomas, y varios cientos de directores generales y cargos ejecutivos ... al menos unas mil personas que son los encargados de gestionar en qué gastamos el presupuesto anual español.

* y también quiero mencionar a los políticos que no ganan nada, que los hay. Concejales de pueblos pequeños, de hasta 500 habitantes más o menos, que dedican unas horas de su tiempo de ocio a trabajar para los demás. También los miles de políticos que forman parte de grupos minoritarios y que pasarán en la oposición toda su vida.


Datos objetivos, para que penséis y deis vuestra opinión:

  • un director comercial de una empresa de medio pelo con un presupuesto anual de 30 millones de euros cobra entre 80.000€ y 120.000€. 
  • Alfredo Sáez, CEO del Santander es el ejecutivo mejor pagado del país, unos 10 millones de euros.
  • El presidente de este país cobra 78.000€
  • El alcalde de Madrid, 105.000€. 
  • El presupuesto de la Comunidad de Madrid para 2011 será de más de 17.000 millones de euros.
  • El sueldo del presidente del consejo de RTVE fue en 2008 de 240.000€. Se desconoce el sueldo de otros directivos de empresas públicas como AENA, Correos, ADIF, etc ...
  • El sueldo del presidente de Red Eléctrica, participada al 20% por el estado, es de 790.000€ al año.

una verdad de postre


Ahora que vuelvo a mirar

Con la verdad encima

Las sonrisas están talladas

Los cuerpos están más cerca

Y el recuerdo dejó de ser eterno

Se cortó por los pies

Se está revolcando en la tierra

Mientras lo miro desde arriba

Dejo que las hormigas trepen sobre él

Empiecen a comérselo

Dos milímetros al día

Hasta hacerlo desaparecer.


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Un delicioso platillo

Los manjares más suculentos

Los más frescos

El mejor decorado

Puesto a la mesa

Para nadie

Día tras día

Sólo el espejo

Y una mosca un día

Para cuando hayas llegado

La intención se habrá escapado


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La falta de entereza

Las pocas ganas de crecer

De hacerse cargo

Nos llevaron a hacernos mínimos

Agachar la cabeza

Abrió la puerta para los ladrones

Nos dejó con el pie en la boca del más hambriento cocodrilo

de nudos y tiempos

Alejandro Magno ha pasado a la Historia como un tipo joven, guapo, preocupado por su aspecto físico y algo presumido. Seguro que era todo eso, como buen monarca de la Antigüedad, pero también debió ser cruel, duro y expeditivo. Un tipo que a los 30 años ha pasado la mitad de su vida en el campo de batalla no debe andarse con chiquitas. Así pues, cuando un ingenuo llamado Gordias le puso delante la tarea de desatar un nudo de complicada factura, el macedonio, seguramente con prisa porque llegaba tarde a alguna contienda, dio un sablazo a la soga y a otra cosa, mariposa. El buen Gordias debió quedarse con cara de tonto y con los bueyes sueltos, aunque eso no lo cuentan los libros.

Muchos siglos después, en el albor del tercer milenio, parece que hay muchos más émulos de Alejandro que de Gordias. Tejer, construir, elaborar relaciones, empresas, obras duraderas, es trabajo de simples o eso nos quieren vender. Al contrario, los "listos" llevan la rapidez como enseña de éxito y la espada enarbolada para cortar cuantos nudos encuentran a su camino.

La herencia helénica no vino de la mano de la espada alejandrina, sino del lenguaje, la cultura, la arquitectura y la belleza elaborada a cincel. Un poquito de por favor, y tomaos un tiempo para desatar el nudo. Da más satisfacción que cortarlo.


take it easy

recuerdo que hace años, en una reunión en la conocía a poca gente, se estaba montando una partida y un personaje de lo más singular me preguntó:
- oye, ¿sabes jugar al mus?,
- bueno, me defiendo -contesté yo,
- ¿y perder? -replicó
- no tan bien, pero creo que podré estar a la altura -dije riéndome y pensando que el fantoche me estaba retando.
- vale, entonces coge una silla, vamos a pelar a estos dos pollos.

nunca más volví a ver a aquel tipo, una pena pues resultó ser de lo más divertido y ocurrente. La anécdota me ha venido a la cabeza en momentos puntuales de mi vida profesional y me ayuda a mantener la calma ante imbéciles de todo pelaje que no saben ver que ganar es un placer pero perder es un arte. Ese desconocimiento debilita, sobre todo en negociaciones largas, donde casi siempre vence el que menos prisa tiene.




Trilogía Otoñal III. Lluvia


Por fin, el agua. Llevábamos muchos meses sin oler el aroma del aire mojado. Desde la parada del autobús veo la montaña borrosa, diluida bajo el aguacero. Aún faltan casi 15 minutos para que llegue “el Correo”, eso si llega puntual. El pensamiento va y viene durante la espera y me entretengo mordisqueando la manzana que he cogido del árbol de tía Eugenia hace un rato. ¡Está rica! No lo esperaba pues casi siempre son algo ácidas en esta zona. Supongo que el largo verano ha colaborado y por este año los frutos son más dulces de lo habitual. Siempre me he preguntado a quién se le ocurriría plantar este tipo de árboles en una zona con un clima tan hostil. Desde luego, yo he visto el árbol ahí toda mi vida, y siempre oí que la casa de mi tía perteneció a la familia desde siempre. ¿Plantaría el manzano alguno de mis antepasados? ¿Quién sería? ¿pensaría que iba a durar tantos años, hasta un tiempo en el que uno de sus familiares remotos pensase en él o en ella gracias al árbol?


Oigo un motor y tras la curva aparece el autobús. No hace falta que le haga señas, pues Nico, el conductor, sabe ya de memoria donde hay pasajeros esperando.


   - hola Nico -saludo

   - hola Andrés, ¿otro día de lluvia, eh?

   - sí, ya se necesitaba -respondo, calcando el argumento que Nico oirá tantas veces a lo largo del día de hoy.

Me siento justo en el penúltimo sitio del lado del conductor. Siempre elijo el mismo lugar. La mayoría de los pasajeros son los habituales y también están sentados en los mismos sitios. Rutinas de pueblo entre semana. Conozco a casi todos, Pedro, el de Barraca, jugué a fútbol de pequeño con él y con su hermano. El tío Mero, de Salvaguardia; ahora está jubilado pero fue un ganadero importante, y quien compró las últimas vacas a mi abuelo hace ya muchos años. Siempre me sonríe pero no recuerdo haber oído su voz jamás. Las únicas que suelen romper el silencio del autobús son las tres chavalas que vienen de El Menar, pero sólo cuando vuelven del instituto. Ahora, en el trayecto de ida, van medio adormiladas, apoyadas las cabecitas contra la ventana. Les imito y noto el frescor del cristal en la cara. Al otro lado, las gotas deforman el paisaje y mi cabeza vuela de nuevo hacia el hipotético pasado de Collado Hermoso.

Pienso de nuevo en mis antepasados, y dibujo en mi cabeza la escena en la que algunos de ellos plantaron el manzano de tía Eugenia. Me gustaría imaginar que lo disfrutaron haciéndolo, aunque la verdad no creo que en aquella época las cosas se hicieran por ocio o pasatiempo. Los abuelos contaban que cuando ellos eran pequeños la gente no lo pasaba nada bien. Había hambre, y las enfermedades diezmaban la población de la aldea de cuando en cuando.

Sé que me he quedado dormido con el calor del autobús, pero no quiero despertarme. Me veo a mí mismo ayudando a dos personas en la plantación de algunos árboles, uno de ellos el manzano. Hay un niño a mi lado que me mira divertido, como si el encontrarme allí no le extrañase.

- Quédate con nosotros -me pide
- Claro -le digo sin pensar. Una extraña sensación pero a la vez familiar me rodea. Es como si conociese a esta gente de algo.
- ¿Cómo te llamas, chaval? -pregunto, tratando de averiguar más sobre el chico.
- Me llamo Fernando. Fernando Sanz. -dice orgulloso
- ¿Sanz?, yo también me llamo así, Andrés Sanz. - y mientras se lo digo, el chico asiente con naturalidad.
- Ya lo sabía, hombre - y ríe. -Mira, ¡estos son los que vamos a plantar! y me muestra unos plantones jóvenes, mientras me cuenta cómo su tío y él han bajaron las semillas desde un árbol muy viejo que crece en medio del bosque, allá arriba, en la montaña.

Siento que este niño sabe mucho más que yo, a pesar de que debo sacarle veinte años.

En mi ensoñación, veo como un hombre que ha permanecido quieto, observando la escena se acerca y apoya sus manazas sobre los hombros de Fernando.

- Ya está bien, Fernando. Deja de hablar solo y ayúdame que tenemos que terminar de plantar el manzano.

El niño me mira y me guiña el ojo, mientras señala a la mano donde sostengo los restos de mi manzana, la que cogí esta misma mañana. Ambos se alejan unos pasos y comienzan a cavar rítmicamente un hoyo para depositar un pequeño arbolillo. Conozco el paraje donde cavan. Es un huerto, el terreno donde hoy se levanta la casa de mis abuelos, aunque faltan muchos edificios de los que se levantan hoy. En su lugar, unas casitas de adobe, encaladas de un color que quiere ser blanco, forman un grupo compacto. Algo más allá, una casa de piedra, con una inscripción en el dintel de entrada. No la leo bien.

Despierto contemplando el corazón de la manzana que aún tengo en la mano. Supongo que después de este sueño estoy casi obligado a plantar sus semillas. ¿Seré capaz de hacerlas germinar? Bueno, no vivo de la tierra, como los antiguos, pero plantar un árbol no ha de ser tan difícil. Sí, lo haré. Lo haré por ese Fernando de mi sueño, y por el árbol de la montaña, donde parece que comenzó todo.