sábado, 17 de enero de 2009

huaycos

los 7 huaycos. el muerto por la piedra en la cabeza. el señor que manejaba el tractor que limpiaba el camino desde las 4 y media de la mañana, la familia que atraviesa huaycos con su triciclo para vender a los varados huevos y papas sancochadas, galletas y gaseosas. la señora que llegó a pie y con una hija y una olla llena de pollo y arroz para hacerle la competencia a los del triciclo. el chofer de la combi que nos llevaba que se llamaba elvis y la figura de elvis que llevaba yo en mi bividí y de nuevo el chofer que nunca dijo nada sobre semejante coincidencia. las 11 horas en el camino que dura 3. el precipicio. la cámara de video y luego los libros, los no lugares, rayuela y luego el tuti fruti y luego la nada. el señor de nombre impronunciable, sin dedo, con más de 24 horas en ese camino por el gigante camión que manejaba y no lograba hacer pasar. sus consejos de que disfrutara del escenario, que me tomara varias cervezas llegando, y de nuevo su nodedo y la chica que tuvo que decir que tenía el corazón en la mano. los que dormían, los que no dormíamos, los que caminaban de un lado a otro del huayco, el tractor, las piedras que cayeron de pronto, la lluvia que empezaba de nuevo, la ruleta invisible y omnipresente que giraba a mil por hora dándonos millones de posibilidades y a la vez ninguna opción a cada uno de nosotros. y se puso todo de cabeza en mi cabeza que andaba tapada por un pañuelo rojo.

hay juegos y luego está la vida. o es todo una misma cosa? me pongo seria para no arrepentirme luego? o me olvido de todo y juego, para no arrepentirme luego? me quedo escuchando para saber si vienen piedras y poder protegerme? o me pongo a jugar confiando en que no van a caer sobre mi cabeza? sólo puedes esquivar una piedra si la has visto el tiempo suficiente para adivinar su trayectoria. es así. y no lo digo yo. lo dice la gente del huayco.