domingo, 29 de junio de 2014

Páncreas artificial en diabetes tipo 1 con óptimos resultados

Poder controlar las subidas y bajadas de glucosa de forma mecánica sin necesidad de estar realizando pinchazos en la piel frecuentemente es el sueño de toda persona con diabetes tipo 1 y de los padres cuyos hijos tienen esta enfermedad. Los datos de dos estudios publicados en la revista The New England Journal of Medicine acercan un poco más este sueño a los pacientes pues muestran, en un reducido grupo de participantes -adultos y adolescentes-, que es posible controlar la glucemia con una bomba de infusión, conocida popularmente como páncreas artificial.

Los responsables del trabajo, investigadores de la Universidad de Boston y del Hospital General de Massachusetts (EEUU), llevan años evaluando esta herramienta para comprobar si es eficaz y segura en el control de la glucemia y evitar tanto las subidas de azúcar, hiperglucemias, como las bajadas, hipoglucemias. De hecho, en 2010 publicaron los datos de un estudio similar pero con menos participantes y durante un tiempo de seguimiento menor en la revista Science Translational Medicine, cuyos resultados fueron recogidos por este periódico. Los datos que ahora publican corresponden a la evaluación de una nueva versión de aquel dispositivo empleado hace cuatro años. “El elemento clave de la nueva versión es que es portátil, permitiendo a los participantes estar realizando su vida normal, realizando ejercicio y comiendo lo que quieren”, afirma Steven Russell, coautor del estudio y profesor de medicina en el Hospital General de Massachusetts.

Los problemas de subidas y bajadas de azúcar son relativamente frecuentes entre las personas con diabetes tipo 1, la que necesita la inyección de insulina para su control. Según un estudio desarrollado por Novo Nordisc y presentado en el XXXIV Congreso de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC), nuestro país gasta unos 40 millones de euros al año en la atención médica de las personas con diabetes que sufren episodios de hipoglucemias graves, aquellos que requieren de un ingreso hospitalario.

“En los dos estudios este dispositivo superó nuestras expectativas en términos de capacidad para regular la glucosa, prevenir la hipoglucemia y adaptarse automáticamente a las variadas y diferentes necesidades de adultos -algunos de los cuales eran muy sensibles a la insulina- y adolescentes, que normalmente requieren mayores dosis de insulina”, explica Edward Damiano, del departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad de Boston y principal investigador del proyecto. “No hay una actual terapia estándar que pudiera compararse con los resultados que hemos visto”, asegura.

El dispositivo está formado por un sensor extraíble, insertado bajo de la piel mediante una aguja muy fina, que controla en tiempo real los niveles de glucosa en sangre. Estos datos son enviados cada cinco minutos a un teléfono móvil (iPhone 4S), que tiene un software con el que es capaz de comunicarse y controlar dos bombas de infusión. En función de si estos niveles son altos o bajos, se activa una bomba u otra, es decir, se administra insulina o su hormona opuesta, glucagón. Además este móvil cuenta con una aplicación por la que los pacientes introducen información inmediatamente antes de comer. La App les pregunta si la comida es el desayuno, almuerzo o cena y si el contenido en carbohidratos será el habitual, mayor o menor.

En uno de los estudios, 20 adultos llevaron durante cinco días este dispositivo mientras permanecían dentro un área de algo menos de un kilómetro en la ciudad de Boston, lo que permitía una vigilancia mediante wireless por parte del equipo de investigadores. Todos estuvieron acompañados por una enfermera las 24 horas al día y durmiendo en un hotel, pero por lo demás realizaron una vida normal. En el segundo estudio, 32 jóvenes de 12 a 20 años, llevaron el dispositivo el mismo tiempo mientras estaban en un campamento de jóvenes con diabetes tipo 1. También estuvieron controlados por este equipo de profesionales durante este tiempo.

“El páncreas artificial redujo los valores medios de glucosa a niveles que se relacionan con una reducción importante del riesgo de complicaciones diabéticas”, explica Russell. Estos niveles medios fueron 138 miligramos por decilitro de sangre en los adultos y 142 en los jóvenes. “Esto es tremendamente difícil con la tecnología disponible actualmente, por lo que la mayoría de las personas con diabetes son incapaces de lograr estos niveles”.

Por otro lado, el dispositivo también logró reducir el número de intervenciones por hipoglucemias un 37% y más de dos veces el tiempo con este problema adultos que lo llevaban en comparación con aquellos con bomba de insulina manual. En los adolescentes, los resultados mostraron dos veces menos actuaciones por hipoglucemias. Además, ambos grupos presentaron mejores niveles de glucosa con el páncreas artificial, sobre todo durante la noche.

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Para Ignacio Conget, de la Unidad de Diabetes del Servicio de Endocrinología del IDIBAPS-Hospital Clínic de Barcelona, “los resultados son francamente buenos”. No obstante, este especialista señala algunas posibles limitaciones de este dispositivo. “Por un lado, el uso de dos bombas de infusión lo hace un poco menos cómodo y fácil de llevar que otros dispositivos. Por otro lado, la administración de glucagón (en torno a un miligramo por día) es inusual tanto en personas sin diabetes como en diabéticas, ya que en estas sólo se administra en muy contadas ocasiones. No se conocen los efectos a largo plazo del uso de esta hormona. Además, su estabilidad es muy pequeña [normalmente hay que conservarla en la nevera], por lo que entiendo que los pacientes deben cambiar el dosificador con frecuencia”.

A pesar de todas estas limitaciones, Conget considera que este estudio funciona como prueba de concepto. “Habrá que ver qué pasa en un estudio con más participantes”, explica este especialista que también participa en una investigación española que evaluará otro dispositivo en un pequeño grupo de pacientes. “Se trata de un estudio colaborativo bicéntrico en el que participan investigadores y médicos de Valencia y Cataluña”. De momento, en el caso español, el páncreas artificial utilizado es sólo para uso hospitalario.

“La cura es siempre la meta final. Pero mientras que esta permanece esquiva, una tecnología verdaderamente autónoma, que puede inexorable y consistentemente mantener a las personas sanas y seguras de los daños de las hipoglucemias, podría liberar de una gran carga emocional y funcional a la personas con diabetes tipo 1, incluido mi hijo y muchos otros”, señala Damiano, que es padre de un hijo de 15 años diagnosticado con este problema desde los 11 meses de edad.

Los datos son lo suficientemente buenos como para animar a la realización de un mayor ensayo multicéntrico en un futuro cercano. Así lo constata en un comunicado Guillermo Arreaza-Rubín, del proyecto oficial de estudios de páncreas artificial financiado por el Instituto Nacional de Diabetes, Aparato Digestivo y Enfermedad Renal de Estados Unidos. “Dentro de los próximos años, esperamos que estas tecnologías vayan más allá de los ensayos clínicos y sean capaces de beneficiar a más personas con diabetes tipo 1″, aventura.

Para Firas El-Khatib, del departamento de Ingeniería Biomédica de Boston, una de las principales virtudes de este dispositivo es “su capacidad para comenzar a controlar el nivel de azúcar instantáneamente, basándose sólo en el peso del paciente, y adaptar continuamente sus decisiones administrando insulina o glucagón en función de los requerimientos”, señala este experto que es codiseñador de este páncreas artificial junto con Damiano.

Fuente: elmundo.es

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