domingo, 11 de mayo de 2014

Echarle la culpa al mundo, y olvidar la diabetes.


Ayer, ojeando los mensajes del whatsapp me fijé en el estado de un paciente que padece prediabetes y que decía así: "Parad el mundo que me quiero bajar!". Es solo una frase, sí; pero conociendo el tipo de persona que hay detrás no puedo menos que contarlo, porque refleja una forma cobarde de enfrentar la vida. Cobarde y habitual hoy en día.

¿Pero qué es eso de soltar así, en imperativo, un "parad" como la copa de un pino, y quedarse tan pancho? Vale que Groucho, a quien se le asigna la idea original, tenía su gracia, pero no dejaba de ser un humorista.

Cuando un problema aparece en el horizonte, se pueden hacer dos cosas: luchar por solucionarlo, o dejar que el problema te pueda. Decía el doctor don Federico Relimpio, endocrinólogo y escritor, que con diabetes no se puede tener "pachorra", y creo que da en el clavo. Con diabetes o con cualquier enfermedad hay que intentar buscar soluciones, o por lo menos las mejores opciones.

¿A quién se le ocurre enfrentarse a la vida exigiendo a los demás que hagan lo que ni siquiera está no está dispuesto a hacer por él mismo?

- Parad el mundo que me quiero bajar!
- Pues páralo tú, o tírate en marcha. Es lo que hay.

Hoy se ha publicado que "el paciente cumple mejor con el tratamiento si participa de la toma de decisiones". Con diabetes es lo más correcto. Estamos siempre hablando mal del tipo de médicos paternalistas que tuvimos en el pasado, así que ahora nos toca ser responsables de nuestro bienestar. Tenemos la obligación de formarnos en diabetes cada día, porque la educación nunca finaliza hasta que morimos. Los que exigen que sean otros los que hagan las cosas están condenados a complicaciones.

Quien escribió ese estado de whatsapp se niega a venir a las charlas informativas que vamos ofreciendo gratis en la Asociación de Personas con Diabetes Los Molinos, y eso que vive a tiro de piedra de donde nos reunimos. Eso sí, me llamó porque quería más agujas para el pinchador que venía en la caja del glucómetro que le pasamos. Se le dijo que tenía que ir a su médico de Atención Primaria, y que le tenía que comunicar los valores anormales de azúcar que estaba obteniendo. Pues nada, eso ni por asomo, pero exigirnos agujas...

Cada día comprendo mejor nuestra presidenta, la de la Asociación Los Molinos, cuando me comenta que ella no es la madre de ningún socio, y que tienen que moverse. Si lo pueden hacer nuestros compañeros y compañeras que con ochenta años no dejan pasar una jornada formativa, a pesar de sus achaques, y que pelean cuando les retiran derechos y atención, lo podemos hacer todos igual o mejor.

Volviendo al cine, me quedo con otra frase, la que achacan a Woody Allen: "Soy lo suficientemente feo y lo suficientemente bajo como para triunfar por mí mismo". Ninguno de nosotros somos príncipes ni princesas azules que merezcamos el oro y el moro. ¡A espabilar!, y a coger "el toro por los cuernos" por nosotros mismos, como decía el doctor Herrera Justiniano cuando debuté.






Beatriz González Villegas.