martes, 18 de octubre de 2011

Bajo tierra



En un lugar secreto, bajo tierra, resguardado por muchos soldados armados, se juntan 10 señores bien vestidos fumando pipas y puros. Uno que otro no tolera el humo pero no dice nada. Beben, discuten, acerca de si decir o no la verdad, contarle al gran público que el mundo está a punto de estallar.


En un pequeño departamento de una habitación, un baño y kitchenette, un gato se ha quedado atrapado en el closet desde la noche anterior. Con hambre, empieza a perseguir a una polilla bastante astuta para su especie. Suena el timbre. Es Aurora. Ha venido a buscar a José. La noche anterior pelearon por algo importante y ella está dispuesta a ceder para poder continuar su relación él. Está segura que eso de ceder es un claro indicativo de que él es su verdadero amor.

Cruzando una gran avenida, Juan, un hombre bastante estudioso, trabajador y responsable, contiene las ganas de vomitar. Acaba de pisar caca humana en un callejón que usó como atajo por primera y última vez. Contenido el vómito, Juan acelera el paso a casa para cambiarse de zapatos.

Gustavo acaba de terminar de editar su película. 5 años de ardua labor por fin verán la luz y su trabajo podrá ser apreciado, juzgado, disfrutado y criticado por miles de personas. Abre una lata de cerveza, se mira al espejo, y se encuentra ligeramente más calvo que cuando todo comenzó. Recuerda a Sandra, los problemas de dinero, las peleas, su olor por las mañanas, la cama caliente. Mira el monitor y decide que aquella última toma no corresponde al verdadero final de la historia.

Maya acaba de cumplir 31 años. Está casada hace 3 con un hombre confiable, serio y adinerado. Quiere hacer una fiesta de cumpleaños, invitar a sus amigos de toda la vida, beber y disfrutar. Se lo cuenta a su marido, él levanta la ceja, sonríe con sarna, esa gente, dice, ¿quieres seguir frecuentando a esa gente? ¿Invitarlos a la casa? Ella sonríe, traga saliva y dice que fue una broma, que le encantaría celebrarlo con él y sus amigos en el restaurante del club.

Gael tiene 3 meses de edad, acaba de despertarse y está con mucha hambre. No logra ver nada entre la oscuridad, tiene un poco de calor, pero sobre todo, se siente hambriento y asustado. Solo. Sus manos sienten un ligero viento que refresca su cuerpo, su panza cruje, la sensación de vacío lo desespera. Abre la boca y deja salir todo el ruido que es capaz de hacer, mueve las manos con desesperación, sabe que eso atrae a Matilde, su fuente de calor y de alimento. Una luz se enciende, la oscuridad se ha ido. Matilde asoma su cabeza despeinada con una sonrisa, mete sus manos debajo de Gael y lo levanta. Gael no deja de llorar, no lo hará hasta no tener entre sus manos y en su boca la teta.