domingo, 29 de agosto de 2010

Bajón de domingo

Me frustra una barbaridad perder el tiempo. Y por desgracia es lo que hago cinco de los siete días de la semana. No es una cuestión de aburrirse en el curro, o de considerar que no tienes un buen trabajo, no. Es una cuestión de satisfacción personal.
Dedico lunes, martes, miércoles, jueves y medio viernes a contribuir al crecimiento de la empresa donde trabajo. Como consecuencia, unos cuantos inversores estadounidenses reciben sus beneficios, y me dan parte de ellos en pago por mis servicios. No nos conocemos así que esta simbiosis queda un poco descafeínada y se reduce a unos cuantos apuntes contables en los bancos.
El fin de semana sin embargo, lo dedico a mi familia, a mis amigos, a mis vecinos, al medio ambiente ... Es tan solo un tercio de la semana, pero me llena mucho más que el resto del tiempo. Mi actividad en este "tiempo libre" es intensa, quizá sin un contenido económico tan alto como el resto de la semana, pero me da la sensación de que las consecuencias de lo que hago son más importantes.
Este fin de semana, en la asamblea de la asociación que hemos creado en Collado Hermoso, mirando las caras de la gente que estaba allí sentada, me he sentido realmente bien. Hemos currado mucho y duro en estos meses, pero cada actividad que realizábamos me causaba más alegría que cualquier otro proyecto en los que he intervenido a lo largo de año.
A lo mejor el problema es la cercanía. En mi entorno cercano veo claramente los beneficios de mi trabajo, no así en mi actividad profesional. Y también debe tener algo que ver con el paso del tiempo. A mi alrededor, todo permanece y veo su evolución todos los días. Como los árboles que plantamos cada año. Están ahí, y disfruto de ellos muchos años después de haberlos plantado. Por contra, no es habitual volver a saber nada de aquel exitoso proyecto de hace un par de años. En el curro siempre hay borrón y cuenta nueva. No sé. Tengo que pensar en ello.