lunes, 14 de abril de 2014

Identifican equilibrio fisiopatológico en pacientes con diabetes tipo 2 y cirrosis

Organización Editorial Mexicana
13 de abril de 2014

México.-No comas mucho dulce, se te va a subir el azúcar; no bebas tanto, te puede dar cirrosis... son algunas frases que escuchamos con frecuencia. Lo que usualmente no oímos es la relación que existe entre la cirrosis y la diabetes.
Imagen 1: Anatomía humana


Esta última y los daños en el hígado forman parte del síndrome metabólico, un conjunto de enfermedades que generan varios trastornos o factores de riesgo en un mismo individuo.

Sin embargo, tras un estudio, investigadores del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de la UNAM descubrieron que al coexistir esas dos enfermedades en un mismo paciente, con el tiempo alcanzan un equilibrio fisiopatológico.

Tras tomar muestras de sangre a 60 individuos con diabetes mellitus tipo 2 (DM-2), a 70 con cirrosis y a 25 con ambas patologías (con la condición de no ser fumadores o alcohólicos y estar libres de complicaciones renales), los universitarios obtuvieron hallazgos interesantes, publicados en la revista Oxidative Medicine and Cellular Longevity.

Descubrieron que en las personas con ambas patologías existe un equilibrio entre las reacciones prooxidantes y antioxidantes, la regulación de la cisteína y los nitritos en la sangre, así como una mejora considerable en los niveles de fosfolípidos y colesterol.

"La combinación de DM-2 y cirrosis mejora los niveles de ácido tiobarbitúrico (TBARS), es decir, estos lípidos conservan su estructura normal", indicó Rolando Hernández Muñoz, líder de la investigación y doctor en ciencias biomédicas.

De igual manera, se registró una estabilidad en la producción de cisteína libre. Este aminoácido es un constituyente estructural del glutatión (molécula que defiende al cuerpo de la oxidación); ante la presencia del estrés oxidativo la cisteína queda libre, por lo tanto, el glutatión deja de sintetizarse y potencialmente se genera una toxicidad celular, pues es una fuente importante de azufre en el metabolismo humano.

El universitario se ha dedicado a estudiar los efectos antioxidantes de compuestos que protegen al organismo del daño producido por radicales libres generados en las reacciones oxidativas durante la respiración celular. "Si los radicales libres le ganan a los antioxidantes se genera una oxidación descontrolada, llamada estrés oxidativo".

Hasta donde se sabe, detalló, los radicales libres tienen una afinación por oxidar lípidos mediante la liberación de sustancias reactivas de TBARS, que provocan el incremento del colesterol y triglicéridos.

Ubicado en la profundidad del abdomen, el páncreas cumple un proceso indispensable en el cuerpo humano: producir insulina, una hormona cuyo objetivo es facilitar la entrada de la glucosa a las células para proveernos de energía.

En la DM-2, el cuerpo no aprovecha de manera óptima esa hormona, por lo que la glucosa no se distribuye bien en el organismo. Esta deficiencia incrementa el riesgo de la esteatosis hepática, mejor conocida como hígado graso (acumulación anormal de grasa), que gradualmente llevará a la cirrosis.


Imagen 2: Antidiabéticos orales.
Por otro lado, en los pacientes cirróticos el hígado -que sintetiza proteínas, combate infecciones, almacena vitaminas, limpia la sangre- se deteriora y desarrolla, eventualmente, patrones diabetogénicos, describió Hernández Muñoz.

De acuerdo con los resultados de la investigación, existe una correlación entre el estrés oxidativo y la alteración de los lípidos contenidos en la membrana celular (fosfolípidos, colesterol).

Esta última es como un sándwich, en donde las rebanadas de pan son las dos capas lipídicas que separan el interior y exterior de la célula; su relleno está compuesto de fosfolípidos (hilos que permiten el flujo de materia de una capa a otra) y colesterol, entre otros.

Con el exceso de colesterol, la membrana se vuelve rígida, disminuye el transporte de moléculas y se perturba la función de "fluidez" que depende de los fosfolípidos. Sin embargo, aseguró el investigador, al combinarse las dos enfermedades los niveles de colesterol y la alteración de los fosfolípidos se normalizan.

"Aunque algunas alteraciones en pacientes con cirrosis y diabetes se contrarrestan o complementan, no significa que estén mejor o que convenga tener las dos enfermedades. En la biología nada es bueno y nada es malo, todo es relativo; todavía nos falta mucho por estudiar", concluyó.

Publicado en http://www.oem.com.mx/elsoldemexico/notas/n3357554.htm