miércoles, 10 de octubre de 2012

'Resident Evil: Venganza', rutina zombie

‘Resident Evil: Venganza‘ (Resident Evil: Retribution, Paul W.S. Anderson ,2012), la quinta entrega de la franquicia que la famosa saga de videojuegos. Dejando a un lado la discusión sobre si son zombies o infectados, estamos ante una serie de películas que nunca se ha caracterizado por ofrecer cintas con particular interés, siendo un tanto iluso el esperar que con ‘Resident Evil: Venganza’ fueran a dar un giro de timón tan grande como para ofrecernos algo al nivel de joyas como ‘La Noche de los Muertos Vivientes‘ (Night of the Living Dead, George A. Romero, 1968) o grandes entretenimientos como ‘Amanecer de los Muertos‘ (Dawn of the Dead, Zack Snyder, 2004). Ya os avanzo que no lo han hecho.

Lo mismo de siempre

Hablar de rutina a la hora de comentar ‘Resident Evil: Venganza’ es tan obligado que a la gran mayoría os podría sonar como algo innecesario. Y lo peor de todo es que la película empieza de una forma inusual que invita a mantener cierto optimismo sobre lo que está por venir: Una gran pantalla a bordo de un barco contada a cámara lenta y con la acción avanzando hacia atrás en el tiempo. De esta forma, se consigue mayor atención al detalle, se nos introduce en una historia en la que reaparecen varios actores que formaron parte del reparto de alguna otra entrega de la saga y, sobre todo, se atrapa la atención del espectador.

El problema es que eso sólo dura un par de minutos, ya que pronto hay que recrear la escena siguiendo los cánones habituales de espectacularidad y ruidosidad usadas habitualmente para tapar lagunas de guión. Acto seguido se introduce la primera (y única) gran novedad de jugar con el espectador y la idea de la credibilidad de la propia saga, pero eso es algo que pronto queda desterrado en beneficio del habitual correcalles con zombies de fondo, los cuales sólo consiguen dotar de cierto interés a la propuesta cuando se desvía de los ‘zombies masilla’ para dejar paso a monstruosas creaciones, estimulantes en lo visual, acertadas en lo espectacular, pero algo decepcionante por no tener el suficiente peso en la trama.

Mucho ruido y pocas nueces

No voy a negar que ‘Resident Evil: Venganza’ presenta una relativa evolución argumental en lo referente al enfrentamiento de su protagonista con la corporación Umbrella, pero impera lo tramposo a la hora de establecerlas. La primera es forzar la alianza de Alice con el gran villano de la anterior entrega, por lo que tranquilamente podrían salirnos más adelante con que Umbrella no es más que una pieza en el entramado de una conspiración aún mayor y alargarlo todo hasta el infinito y más allá. La segunda es que es la única forma que tienen de justificar la aparición de antiguos personajes a los que yo ya daba por perdidos para siempre, pero sin darles el más mínimo desarrollo argumental. Son peones a las órdenes de Umbrella por motivos que no desvelaré y eso es todo lo que van a hacer.

También resulta un tanto molesta la insistencia de Paul W. S. Anderson en mostrar de forma reiterada a la reina roja cada vez que hay que incluir una nueva amenaza para Alice y su equipo, ya que así se crea una sensación de repetición y esquematismo que acaba agotando al espectador. La cosa es que la malvada lanza unos zombies (u otra cosa) contra ellos, consiguieron vencerlos, avanzan un poco más y la reina roja lanza más zombies para acabar con ellos. Este punto se repite durante gran parte del metraje, siendo sólo maquillado parcialmente por el hecho de que estamos ante la cinta con mayor presupuesto de la franquicia, algo que se nota a la hora de que no haya cosas raras a la vista cuando una secuencia es saturada mediante el uso de cuantos más efectos especiales, mejor. Y sí, seguramente estemos ante la más espectacular de la saga, pero también ante seguramente el segundo guión más discreto de todos, algo que Anderson ya ha demostrado que rara vez logra mejorar a través de su trabajo de puesta en escena.

Sí me gustaría señalar que la saga Resident Evil está jugando un papel destacable a la hora de reivindicar a la mujer como heroína de acción, algo que no es ni mucho menos nuevo, pero que rara vez ha tenido una continuidad real más allá del peso que James Cameron prestó a ello en algunos de sus títulos más celebrados. No creo que nadie se atreva a poner en duda a Milla Jovovich como tía dura capaz de repartir estopa a cualquiera que se le ponga por delante siendo capaz de mostrar cierto expresividad emocional al mismo tiempo, pero también Sienna Guillory, Michelle Rodriguez y Bingbing Li reafirman sus credenciales en este aspecto. El problema es que Jill Valentine (Guillory) es el personaje más plano de todos (culpa del casi desastroso guión), molestando especialmente la lamentable forma que tienen de cerrar su arco argumental, mientras que el de la segunda es casi igual de insulso, con el añadido de que es incapaz de aportar nada relevante cuando puede mostrar otra cara. Por su parte, Li es la más efectiva de las tres, pero pierde demasiado protagonismo tras su impactante primera aparición, acabando totalmente desdibujada hacia el final. ¿Los hombres? Mero relleno para dar y recibir hostias, disparos o mordiscos zombies, pero siempre por debajo de las mujeres, que son las que parten la pana aquí.

En definitiva, ‘Resident Evil: Venganza’ es más de lo mismo, y ni tan siquiera llegar a estar dentro de las “mejores” entregas de la franquicia. Alguna escena suelta interesante (las de los monstruos zombie más ambiciosos), un cliffhanger correcto que delimita que la saga debería acabar en su sexta entrega y, sobre todo, la mayor credibilidad de la ambientación (anteriormente siempre había alguna situación en la que los efectos especiales cantaban demasiado) juegan en su favor, pero la estupidez de su guión, el discreto trabajo de Anderson tras las cámaras y el muy mejorable regreso de algunos rostros conocidos de la franquicia acaban pesando demasiado. Al final lo que queda es un entretenimiento de perfil muy bajo sólo recomendable para los fanáticos de la saga, dentro de la cual ocupa un puesto intermedio a la hora de determinar cuál es la mejor (la tercera) y cuál la peor (la segunda) de todas, aunque en ningún caso estemos ante películas que vayan más allá de lo pasable.