martes, 24 de abril de 2012

Lección aprendida

Hace unos años oí a Antonio Vega en una entrevista sobre su vida. Como no, salió el tema de su drogadicción, y contó cómo se enganchó. El artista decía que había comenzado a consumir heroína en un tiempo en el que no había yonquis por las calles, en un momento en el que no había referencias sobre las consecuencias de la drogadicción, ni publicidad de Sanidad, ni advertencias de los padres, un abismo sin señalizar en suma.

El cantante madrileño no huía de su desgracia pero trataba de justificar sus debilidades. Tampoco podía escapar de ellas. Estaba enganchado.

Con la crisis, mucha gente se ha quedado enganchada. Las drogas en este caso fueron las ofertas de préstamos, hipotecas, financiaciones que nos nublaron los ojos y el buen juicio. Como Antonio y la heroína, no teníamos referencias. Nos dejamos colar productos complejos "por que me fío del del banco" o "porque todo el mundo lo hace". Tampoco entonces había gente embargada por la calle que nos pudiera contar los efectos del riesgo financiero. Tampoco en casa nos decían, "hijo, que en el banco te engañan". Nadie conocía los riesgos y estaba de moda ser asesor financiero en la barra del bar.

Hoy, y tras ver cómo la droga hipotecaria ha consumido a muchos, vemos advertencias en todas partes. "Te lo dije" dicen los "enteraos", y se ha desatado la caza del comercial de la sucursal. Siempre que se produce una crisis, una desgracia, una ofensa, se desata la caza del culpable. En este caso sin embargo, no estoy de acuerdo. Mucha gente sí recibió advertencias durante esta crisis; como aquéllos que nos explicaron en un papel los cálculos sobre su hipoteca en yenes, o los que preguntaron "oye, qué te parece eso de las preferentes" y las suscribieron a pesar de los consejos en contra, y a alguno que firmó una ampliación de hipoteca sólo para comprar muebles más caros. En cualquier caso, la mayoría fueron como corderillos a la sucursal para que una panda de administrativos reconvertidos a la fuerza en comerciales les recitaran el prospecto de un producto que no entendían ni siquiera ellos mismos.

Ahora no se trata de flagelarnos, ni de flagelar a los "del banco"; simplemente de hacer autocrítica. Si asumimos que hemos fallado, tendremos cuidado la próxima vez. Las acciones, los productos estructurados, las rentabilidades extrañas ... para otro. Nadie da duros a cuatro pesetas, decían en el pueblo. Pues eso.

Y termino como empecé, Antonio Vega en la letra, Enrique Urquijo cantando. Ellos no tuvieron mucho margen para rectificar. Grandes ambos.