domingo, 29 de enero de 2012

Te garantizo que ...

... esta inversión es segura, qué mi empresa es solvente, que esta casa se revalorizará ...

¿Cuántas veces nos han dicho una de estas frases en los últimos años? en el Banco, en alguna reunión de inversores, en la oficina de la inmobiliaria. Eso por no hablar de las conversaciones de barra de bar o de tertulia de amigos, donde cada uno de nosotros damos rienda suelta a nuestra verborrea experta asesorando a otros sobre acciones "chicharro", fondos "hedge" y demás chollos financieros o urbanísticos.

Hace años ibas al banco y metías tu dinero donde te decía el de la sucursal. Total, "el experto era él". Ahora tienes que tener mucha prudencia y dos "masters" para poder leer la letra del contrato y los pensamientos ocultos del comercial del banco. Preferentes, convertibles, estructurados ... son adjetivos que enmascaran la cada vez más compleja realidad de los productos financieros. Su objetivo: uno solo, que gane el banco. Ellos juegan con tu avaricia e inexperiencia. A veces con tu candidez. Y no hablo del "asesor" del la oficina bancaria, quien la mayoría de las veces es tan cateto en economía como nosotros. Tras el comercial hay legiones de expertos en Marketing que se dedican a leer tu comportamiento, de matemáticos que conocen al dedillo las tendencias del mercado, y de tiburones que alimentan sus "bonus" de idiotas como nosotros.

Desde hace muchos años cuando alguien me pregunta mi opinión sobre una inversión me decanto por el lado de la prudencia. Sólo recomendaría una inversión arriesgada a alguien con amplios conocimientos sobre el mercado y que además supiera leer el futuro. Claro que si se cumpliesen esas dos premisas, no me preguntarían a mí.

¿Hipotecas en yenes? no gracias. Buff ... llevo estudiando dos años el contrato de la mía y aún no lo entiendo bien. Y eso que está en euros.