viernes, 6 de enero de 2012

la rebeldía del cínico

son muchas las voces que hablan de la creciente falta de civismo de la gente. Se ve en el metro, en la oficina, en el grupo de amigos. Es palpable. Pero, ¿cuál es la razón?: la mayoría apunta al sistema educativo, a la falta de disciplina ... a los jóvenes. Pero, ¿y los que no son jóvenes? yo veo esa misma falta de civismo en personas de toda edad y condición. Se podría suponer que esa actitud viene del descuido, pero muchos de los que la ejercen manifiestan que es elegida, que les gusta ese estilo de vida. "Yo no soy maleducada, simplemente digo la verdad sin tapujos", me espetó una compañera hace tiempo.

Y es que, al menos en mi entorno, es creciente el número de personas que se muestran cínicos en la defensa de sus argumentos y olvidan las más elementales normas de respeto al prójimo. Asisto a diario a conversaciones serias o banales donde mandan las palabras gruesas y las actitudes propias de gánster.
Es más, a veces incluso se deja de lado el fin último del diálogo, plantear y convencer, y la discusión pasa de ser un medio a un objetivo en sí misma. Se diría que hay gente que está deseando saltarse los prolegómenos para llegar rápidamente al enfrentamiento.
Paralela a esta actitud se encuentra la de crítica y escarnio de los "bienquedas" o de aquéllos que buscan el consenso. Parece que estos discutidores profesionales identifican su argumentación ruda con pureza de sentimientos, vituperando el esfuerzo integrador de los que dialogan, que pasan a la casta de pusilánimes o tibios.

Pasa igual en el día a día. Está de moda ir mal vestido, desastrado como dicen en el pueblo. Todos los días hay gente en el tren con los pies sobre el asiento de enfrente. Gente de todas las edades. Quizá sea un fallo de RENFE y haya que poner reposapiés para las delicadas extremidades del hombre moderno. Cuando les llamas la atención, la mayoría baja los pies, para volver a subirlos cuando te das la vuelta. En fin, en eso ha quedado la rebeldía del cínico, en simple y llana mala educación. Parece que la conducta asocial les redime de sus frustraciones.

Quizá esta deriva tenga que ver con las tendencias más y más individualistas de la sociedad que me rodea, pero principalmente con el paso del tiempo. Muchos, con la edad y por desesperanza en ideales que creían ver realizados algún día se vuelven asociales. Otros por hartazgo de las rutinas que imponía la educación de sus mayores se rebelan contra ellas. Los más, por esnobismo puro y duro, pues el cinismo es una manera de destacar como cualquier otra.

incluso la tele nos proporciona héroes cínicos a los que admirar