jueves, 23 de junio de 2011

Tira pa´lante hombre


un amigo me habló hace semanas de su hermano y me contó que tiene muchos problemas, que no le sale nada bien, que no está contento con su trabajo, ni con su matrimonio. En fin, que el citado hermano está muy desanimado. Por lo visto había ido al psicólogo y el diagnóstico fue que tiene "poca tolerancia a la frustración", cosa que no comprendíamos muy bien lo que es. El caso es que mi colega y yo, después de unas cañas (bastantes) concluimos que eso de la "poca tolerancia a la frustración" debe ser lo que en Castilla toda la vida se ha llamado "!que no le echas cojones a la vida, coño!". Es lo que tienen las lenguas vernáculas, que llaman a las cosas por su nombre.

Ayer, un poco más serenos, volvimos a hablar del tema junto con el
interesado. El chaval seguía desesperado, y a tenor de lo que me contó, le di mi propio diagnóstico. "- Chico, tú es que pides demasiado a la vida". Le podía haber dicho que hacía una "mala gestión de las expectativas", pero entonces me hubiera visto obligado a cobrarle a tarifa de psicólogo.

Y es que el sujeto tiene un coche más caro del que sueldo le permite, lleva a los chavales a colegio de los caros, caros, y le gusta no se qué y se va de vacas a no sé donde, y por tanto no le llega el dinero. Luego encima es muy
exigente con todo. Va al menú del día y espera mantel bordado, y en un hotel de 3 estrellas busca el "yacuzzi", así ¿cómo va ir sonriendo por la vida?

Lo dicho, que tampoco hace falta ver documentales de Darfur todos los días para sentir que la vida es más buena de lo que pensamos. Con abrir un poco los ojos y conformarse con las cosas que nos trae el presente, todo debe ir bien, ... o no.