jueves, 12 de agosto de 2010

Mayorcitos

llega el período vacacional y cada año nos da por hollar nuevos destinos, lugares más lejanos, actividades más exóticas y, por qué no, más arriesgadas. Paradójicamente, para hacer rafting en Alaska, senderismo en el Tibet o cruzar la selva de Borneo se necesita pasta, y por ello, los afortunados que pueden realizar estas actividades hace tiempo ya que dejaron atrás los veinte años. Así, el panorama es el siguiente: grupos de cuarentones o cincuentones faltos de forma haciendo deportes para los que no estaban preparados ni siquiera cuando tenían veinte años. Y encima, en lugar de hacerlo cerca de casa, por si acaso, nos vamos a un país del tercer mundo. Bien.
Este tema ha sido comentado varias veces con mis amigos montañeros. Estamos cerca de los cuarenta y ya va quedando poco tiempo para hacer el bestia. Y ya nos fastidia asumir que nuestra capacidad física decae. Casi todos decimos que lo compensamos con mayor experiencia y prudencia ... excusas. Aún así, la mayoría de nosotros criticamos a la gente que se va al quinto pino a ponerse en peligro y luego, si pasa algo, va al consulado a pedir responsabilidades y un billete de avión. Vete si quieres, decimos, pero contrátate un seguro y calcula bien los riesgos, que si eres "mayorcito" para decidir, también lo eres para que nadie tenga que sacarte las castañas del fuego.

Vamos, no digo yo que haya que renunciar a gastarse el dinero en lo que realmente nos gusta pero, como dicen por aquí en Galicia, ... con un poco de "sentidiño" por favor.

Pd. si algún día caigo en el Himalaya, autorizo a los lectores a echarme en cara este post