martes, 21 de octubre de 2008

encontrado, casi olvidado. rescatado.

sabediosdecuándoesesto. peroes.

1. 

En cunclillas. Respirando, mira al suelo, cuenta 3, cuenta 2 y uno.

Levanta la mirada, fija el objetivo y sale, como una bala lanzada con la mano, una piedra, pesada pero avanzando. El aire casi no mueve su pelo, el esfuerzo se refleja en su rostro, de lejos no se entiende, si no hay viento en contra, si no hay obstáculos, por qué le cuesta tanto. Y allá va, avanza un poco, la roca pierde fuerza, le gana el peso, la bala sin propulsión no llega muy lejos, y enfrenta a una pared que lo detiene. De cara contra el muro el personaje se rompe un diente y se magulla el maxilar.

Cae de espaldas, el cielo se acerca y se aleja, se dice a sí mismo que estuvo bien el intento. Tarde o temprano derribará el muro.


2.

Vienes a buscar duendes aquí. Crees que están debajo de mi cama, esperando a que te asomes, levantes la sábana y les sonrías para que ellos te hagan una demostración de magia pura y verdadera. Te asombren, te hagan creer.

Vienes a buscarlo aquí porque no te cuesta trabajo, porque es fácil, porque siempre va estar ahí y nada va cambiar. La cama lo va acurrucar, lo va abrigar y él va estar cómodo y aguardando. El duende, que tiene la cara que quieres, es del tamaño que más se acerca a lo que crees, sonríe cuando lo deseas, y es tan parte de ti como tu nariz o tus orejas.

Yo no soy nadie para decirte si existen o no. Y no es una crisis de ilusión, no es que mis sueños se estén rompiendo, no es que esté cambiando lo colores por el blanco, el negro y el gris. Pero este duende en particular, mi duende, sólo aparece para mí. Si lo quieres ver vas a tener que decirlo, vas a tener que hacer el pedido con los ojos cerrados y las manos extendidas. Vas a tener que regalarme una flor.