domingo, 12 de febrero de 2012

bola de pelos

Una bolita de pelo negro al viento transita despacio por encima de mi cabeza. La gata la ve, y desde su silla salta ágilmente, toma vuelo, salta sobre mi cabeza y la agarra con la boca. Al caer al suelo la bola de pelo se le escapa y la toma con las patas, dehaciéndola en miles de pelitos pequeños que se esparcen por suelo. La gata los mira y se queda detenida un instante. La miro, y desde acá arriba adivino que irá por el más cercano y luego al de al lado, y así, los irá tomando todos con las patas hasta juntarlos. La gata, en cambio, los deja y vuelve a su silla a esperar uno que se no deshaga cuando lo agarra.

una bolsa

El piso estaba lleno de bolsas. La gata caminaba entre ellas, deteniéndose en la más grande para investigar, meter la nariz, la cabeza, el cuerpo, y luego intentar escapar, como si algo o alguien viniera por detrás para cerrar la bolsa con un nudo y alejarla de aquí, como si de basura se tratase. Una de las patas traseras se atasca en el asa y los rápidos movimientos de la gata obligan a la bolsa a crujir y moverse tras ella, creando más tensión en esta pequeña investigadora temerosa dotada de muy poco coraje. Al subir las escaleras la bolsa la persigue, sin quedar atrás, avanza con la gata hasta el segundo piso. Con los dientes intenta abrirse camino, devolverle a sus patas la agilidad usual, pero el ruido la espanta y continua su escape hacia el marco de la ventana, que, dos pisos por encima de la calle, está abierta de par en par. La bolsa o yo, parece pensar, cuando mira hacia abajo y se lanza con un maullido guerrero que a muchos no convence. Su pelaje negro brilla con la luz de los faroles de la calle, la ansiada libertad está cada vez más cerca, con la caída la bolsa se libera y la pata trasera vuelve a ser de exclusividad de esta gata que al caer al suelo intacta devuelve el orgullo a su especie. La bolsa se ha separado, en efecto, pero al caer no encuentra mejor lugar para aterrizar que sobre la cabeza de la gata que se lamía ya las patas como dejando atrás lo sucedido. Cubierta nuevamente de bolsa, la gata se queda quieta. La cola afuera, se mueve despacio de un lado a otro, la punta sola de arriba abajo, solo cabe adivinar lo que hará ahora. Pocos segundos pasan a través de ella, tranquila, encuentra repentinamente cierto descanso, cierta protección dentro de esta improvisada cueva de plástico blanco. Se escuchan silbidos a lo lejos, alguien la extraña, ella lo oye, responde con maullidos intermitentes leves, que no llegan a los oídos de quien la llama. Sin saberlo ella, una cabeza humana se asoma por la ventana pero no ve en el suelo más que una bolsa blanca. Cierra la ventana y prosigue con su búsqueda, para abandonarla en pocos minutos asumiendo la gran pericia felina para regresar a la cama cuando la noche se ha instalado. Abajo, en cambio, una repentina torpeza se ha apoderado de la mascota castrada y engordada, muy lejana ya de aquella que saltaba por los techos más altos y lejanos, la que podría haber encontrado la manera de salir de esa bolsa y volver a calentar los pies de quien la alimenta.

La gata se ha quedado dormida, cubierta de blanco, son ya las 11 de la noche, se oye el camión recolector y a los 3 hombres que levantan una a una las bolsas de basura del distrito para lanzarlas al camión que compacta en pequeños paquetes cada tantos kilos de desperdicios. Sorprendería que uno de ellos hiciera algo más allá de lo que su trabajo exige, recoger la basura de los puntos establecidos, pero en esta oportunidad la pequeña anciana de la puerta cercana a donde la gata duerme escondida, está sacando, ella sola, una bolsa negra con desperdicios y otra muy grande con ropa para regalar a los trabajadores nocturnos. Uno de ellos, el más joven, la ve desde lejos, y corre para ayudarla. Recibe las bolsas con mucho agradecimiento, ayuda a la señora con la bolsa negra y le dice que descanse. Ante este súbito incremento en la actividad de la noche, la gata despierta y realiza una serie de movimientos rápidos y desesperados por salir de su guarida temporal. La señora la confunde con un roedor indeseable y deja salir un pequeño pero certero alarido y dice claramente la palabra rata. La gata, que es negra, escapa por los bordes de las paredes, dejando atrás, por fin, la bolsa, y el joven, que no puede dejar pasar una ocasión para demostrar gallardía, emprende la persecución con las bolsas en las manos. La cabeza humana que asomó por la ventana hace ya una media hora vuelve a aparecer y pregunta está bien señora? A lo que esta responde hay una rata enorme. La fobia por las ratas impide que la cabeza humana se involucre en la situación con lo cual se despide y cierra con rapidez y cerrojo, la ventana. La pequeña gata negra ha logrado alejarse lo suficiente del recolector heroico, y está por cruzar la calle hacia los arbustos del parque de enfrente donde podrá pasar la noche escondida, protegida, ya casi lo imagina, hasta que salga el sol y ella pueda esperar a que su dueño la encuentre. En medio del asfalto el camión también avanza y es lamentable cómo suceden las cosas a veces cuando los caminos de uno y otro ser se encuentran para la desgracia de uno de ellos, el más pequeño e indefenso, peludo ser, que al ser sobrepasado por la inmensa llanta del camión no puede siquiera emitir un sonido de despedida de este mundo cruel y material, donde la rapidez y la agilidad quedan atrás para dejarnos tan solo con un cuerpo ensanchado y lento, que, además, es lo que queda de nosotros para terminar en una bolsa plástica blanca, cerrada con un nudo, lanzada sin lástima ni tristeza al camión que ahora une el paquete que llega con los que ya estaban ahí y tritura todo para hacer espacio a las siguientes bolsas que vendrán a lo largo de la noche.

Riña a garrotazos

estos días está el país revuelto, pero para bien. Las conciencias, agitadas, han ocupado un lugar junto al vaso de vino y el plato de sopa, incluso a veces son el primer plato de cada comida. Las opiniones, afiladas como dardos, cruzan la mesan esquivando vasos y botellas para clavarse en el corazón del oponente. No hay familia que valga cuando se trata de defender o atacar al super juez. Ataques, contraataques, fintas, crochet de izquierda y golpes directos a la opinión convencida de un tipo que, al igual que nosotros, normalmente no tiene mucha base teórica sobre la que sustentar su opinión. Duelo de voluntades, no de intelectos.

Estos días, señores, los medios nos obligan a discutir sobre temas sobre los que no tenemos ni idea.

siempre me pregunté por qué discutían estos dos

domingo, 5 de febrero de 2012

¿cazador cazado?

Escribía hoy en otra red social, "si la policía deja en paz a todos los sospechosos menos a uno, ¿tiene éste derecho a sentirse perseguido?"


Pregunta sencilla, pero con una respuesta compleja, sobre todo si la llevamos al campo de la actualidad y le ponemos nombre y apellido: Baltasar Garzón. Cuando este ciudadano ejercía papel de policía no creo que se hiciera la pregunta con frecuencia, pero creo que ahora sueña con ella. En un país donde hay escasísimos casos en los que un juez se enfrenta a inhabilitación, al amigo Baltasar se le juzga por triplicado.

¿Qué opináis?

jueves, 2 de febrero de 2012

Renovables

se me escapan un poco las cifras cuando leo sobre energía. En parte, la culpa es de los periodistas, a los que sospecho tan indocumentados como yo mismo. En parte, del gobierno y de las eléctricas, que dan información contradictoria y poco comparable. El resultado mosquea, pues aunque no soy desconfiado, cuando muchos se ponen de acuerdo para ocultarme información ... malo. Como leí en algún sitio: "si jugando al póker a la quinta mano no sabes quién es el primo ... es que eres tú"

A ver, andamos a vueltas con que las instalaciones foto-voltaicas tienen amortizaciones a largo plazo, con que los molinos dependen del viento, con que los biocombustibles sólo dan dinero si el petróleo está caro ... y tal y cual. Dejando de lado el tema nuclear, cuyo debate está muy politizado y es altamente sensible a la subjetividad de cada uno, y la hidroeléctrica aceptada por todo el mundo, debemos preguntarnos ¿es más cara la energía renovable que la que conseguimos quemando gas, carbón o petróleo?

El gobierno debería proporcionarnos una respuesta clara y concisa, mostrándonos una matriz en la que apareciesen los distintos precios del kw conseguido con un barril de crudo a 140$ a 200 o a 80$ y comparándolos con los obtenidos por otras vías. Fijaos que no hablo de polución, ni de Kioto, ni de contaminación radiactiva. Para no meter más factores en la discusión hablo sólo de dinero. Pues bien, ni así son capaces los actores del mercado energético de explicarnos qué podemos esperar en los próximos años. Tampoco el gobierno es capaz de mostrar una previsión a 10-20-50 años sobre qué podemos esperar del futuro. ¿Existe algún modelo capaz de predecir si un hipotético despliegue masivo de molinos costeros y de edificios con fachadas llenas de paneles cubriría la demanda eléctrica del futuro? ¿cuenta ese hipotético modelo con hipótesis sobre paneles más eficientes o molinos con mayor capacidad?

Mi opinión, desde un punto de vista realista y de asegurar el suministro, ahora estable, es continuar con la política actual para el corto e incluso el medio plazo, pero, mirando a futuro debemos ser conscientes de que nuestra dependencia de los combustibles importados nos hace débiles, a España y a la U.E. en general. Sol, aire y mar tenemos a punta de pala y si aún no hay tecnología capaz de sacar energía de aquéllos, debemos invertir en obtener ese conocimiento.

Otros ya lo hacen, como estas dos plantas californianas del desierto de Mojave, la primera ya funciona y la segunda está en proyecto, con tecnología española por cierto:

500MW - tecnología Bright Source Energy

250MW tecnología Abengoa Solar
en comparación, una fotografía de la Central Térmica de Andorra, en Teruel, una de las de mayor capacidad de nuestro país. Funciona quemando 350.000 kilos de lignito cada hora. Tenemos unas 60 centrales térmicas en España:

1101KW - Endesa