domingo, 17 de abril de 2011

Don Dinero manda


tras la guerra Civil, el Estado pensó que dejar la gestión de sectores clave en manos privadas era arriesgado. Aparte de consideraciones estratégicas, no debía ser fácil para el exiguo capital privado nacional montar una red eléctrica o de telefonía prácticamente de la nada. Así las cosas, el gobierno español apadrinó astilleros, refinerías, fábricas de automoción, eléctricas, etc ... conservando para sí sus activos, que fueron creciendo año a año. Según aumentó el tamaño de este conglomerado público, también lo hizo el volumen de empleados. No tengo cifras, pero no sería muy exagerado decir que en los años 80, más de un millón de españoles trabajaban en empresas del INI ( entre ellas, SEAT, HUNOSA, Iberia o ENDESA) o en otras empresas de titularidad pública ( Telefónica, CAMPSA, RENFE, Tabacalera).

Con la entrada en la Unión Europea se conjugaron nuevas normas de competencia y la necesidad de financiación del Estado para tomar la decisión de vender los activos de la mayor parte de estas compañías. Algunas operaciones fueron ventajosas para el Estado, pues las empresas eran deficitarias. En otras, en cambio, siempre tuvimos la sensación de que el Estado había malvendido. En unos casos y en otros, ganase el Estado o el comprador, hubo un punto común: la privatización conllevó cientos de miles de despidos.

Un caso paradigmático es Telefonica: la principal empresa de telecomunicaciones de España y una de las cinco más potentes del mundo basó su crecimiento en el pulmón financiero heredado de la privatización y una deficiente apertura a la competencia que le facilitó el cuasi monopolio del mercado español durante los últimos 20 años. Hoy, tras publicar beneficios récord, los planes de despido continúan. ¿Razones? una y simple: los actuales dueños de la empresa consideran que ganan más echando a esta gente que manteniéndola.

jueves, 14 de abril de 2011

Atontados

en los últimos tiempos he leído un par de biografías sobre hombres notables, de épocas distintas. Una cosa común me ha llamado la atención en ambos casos y ante la coincidencia, he contrastado otros casos similares. Supongo que estaréis pensando en alguna cualidad extraordinaria, pero no, me refiero simple y llanamente, a que la mayoría de grandes estadistas de la Historia tuvieron a su cargo grandes responsabilidades desde su adolescencia.

¿Simple, obvio? no para los que olvidan que el ingenio del hombre está listo para lanzarse a los más osados proyectos desde edad muy temprana. ¿no veis a nuestra sociedad obsesionada con dedicar a nuestros jóvenes a prepararse y prepararse para eventuales retos que a veces nunca llegan? ¿no sería mejor darles responsabilidades a los dieciséis años para que se acostumbren a tomar decisiones, en lugar de atontarles con una vida regalada hasta los treinta?

Lamentablemente animar a trabajar a tus chavales no está de moda. La moda hace unos años era que tus hijos hicieran una carrera, ahora lo es pagarles estudios de idiomas en Inglaterra, China o donde quiera que al chaval se le antoje pasar un tiempo que podría estar dedicando a formarse como adulto. El resultado: adolescentes de veintitantos años, becarios multidiplomados que viven en casa cuando sus padres ya están jubilados, padres cuarentones que llevan tan sólo unos años ganándose la vida.

Los hombres que triunfaron en la Historia forjaron su futuro a temprana edad. Cualquier general famoso empezó su carrera lejos de su casa a los catorce años, cualquier comerciante mandaba a sus hijos a corresponsalías lejanas para que aprendieran sobre comercio real, e incluso los más famosos cardenales y papas ya estaban en el seminario antes de convertirse en adultos.

Siento que nuestras generaciones (incluida la mía) hemos sido sobreprotegidos, y esto va a peor.

domingo, 10 de abril de 2011

Parterres de mayo


nunca luce tanto un jardín como en tiempo de elecciones municipales, cuando cada cuatro años los laterales y medianas de las calles bullen de color. Acompañando a las múltiples inauguraciones, nuestros políticos recorren calles con un fondo colorido que alegra el gris asfalto y da esplendor a la ciudad. Es la primavera del candidato.

Estos parterres electoralistas terminarán su andadura en Mayo. No creo que la pléyade de tulipanes, pensamientos y petunias que adornan hoy la ciudad sean sustituidos por otros hasta dentro de un tiempo. Tras los comicios volverán las preocupaciones por el derroche de los fondos públicos y, como mucho, veremos unos ramos de lavanda a lo largo del verano.

En Collado Hermoso también brotan ya las violetas, margaritas ... un poco anárquicas, pero sin coste para las arcas municipales.

domingo, 3 de abril de 2011

Buscacongostras


Tengo unos sitiazos bicicletablex paca gase.... En Bolaño media hora larga en esta senda usando toda la sabiduria y material pa poder subir todos los escalones que se interponian....

Siniestra Escandinavia


cuando era peque lo único que sabía de Escandinavia venía en los comics y se encarnaba en personajes tan dispares como Sigrid, la novia del Capitán Trueno, o los valerosos maquis que luchaban contra los nazis en "Hazañas Bélicas" o "Zona de Combate". Después, gracias a la geografía del cole, me enteré de que en Noruega había bonitos fiordos y que la Aurora Boreal dibujaba colores enLaponia (y no, Papa Noel no estaba de moda hace tantos años). Incluso llegué a oír que un tal Leif Eriksson ¡había descubierto América!

También tengo recuerdos del asesinato de Olof Palme, ampliamente llorado en la tele de dos canales. Suecia, Noruega, Finlandia eran por aquel entonces aquellos lugares donde se vivía muy bien aunque se pagaban muchos impuestos, el escaparate del socialismo y un referente moderno frente a la caduca lucha de clases. Y parece que el modelo funcionaba también en lo empresarial pues multinacionales como Volvo, Nokia y Ericsson dieron relevancia a la zona. El círculo se cerró unos años más tarde con la nueva invasión vikinga, en forma de muebles, cuando Ikea entró en nuestras casas por la puerta grande.

Últimamente Escandinavia campa en las librerías, y la novela negra del norte se ha adueñado de la mesilla de noche. Aparte del fenómeno Millennium (confieso que no he leído la famosa trilogía póstuma), las estanterías están llenas de Mankell, Lackberg y la otra Larsson (Assa). Hay que reconocer que las novelas son entretenidas aunque la mayoría son previsibles y de baja calidad literaria. Aún así invertir 10€ en un libro de bolsillo con las aventuras y desventuras del Kurt Wallander es un acierto en comparación con los 2,50€ que vale un periódico dominical. Al menos, los crímenes que investigan estos detectives del hielo, son ficticios.

Tienen mérito, e imaginación, estos escritores vikingos