miércoles, 28 de abril de 2010

cuadriga





La primera de España y la quinta de Alemania, este portatroncos con la adaptación de una lamina portapiedras basculante, se logran manejar relativamente bien cargas con poco esfuerzo, la carraca se encarga del trabajo duro.

martes, 27 de abril de 2010

Memoria histórica
recuerdo que cuando era un crío, hace unos 25 años, las señoras del pueblo todavía se ataviaban con un pañuelo en la cabeza. Unas lo llevaban y otras no, pero nadie se extrañaba ni de lo uno ni de lo otro.
Unas décadas antes, hace unos 50 años, el señor sacerdote podía afear la conducta de las muchachas basándose en cualquier precepto divino. Esas mismas muchachas podían ir a la escuela, pero sólo si su padre lo consideraba adecuado. Su padre también tenía autoridad para decidir si se casaban o no y con quién. Una vez casadas, la potestad para valorar si su comportamiento era el correcto o no pasaba a sus maridos, quienes eran dueños de todo lo suyo, e incluso validaban con su firma cualquier compromiso legal de sus esposas: un contrato de trabajo, una cuenta bancaria, una compra-venta ...
Hace un par de años comenté con un pakistaní todo esto. En ese momento su familia le estaba buscando esposa en Pakistán y al oír lo que le decía me dijo tan contento: "pues no somos tan distintos". Efectivamente, pensé, sólo nos separan 50 años de evolución cultural y libertad espiritual.
Estos días volví a esa reflexión a propósito de la conveniencia de permitir llevar pañuelo o no a la chavala musulmana de Pozuelo. La gente hace juicios de valor propios de otras épocas, mientras yo no veo el debate por parte alguna salvo por el interés de llenar tertulias o vender diarios. Hoy la mayoría de la sociedad española es suficientemente madura como para no asustarse porque una chica lleve velo, crucifijo o rece a Jehová durante el recreo. Por suerte, ya sólo hemos de examinar si el asunto es legal o no. Lo del pecado quedó atrás, hace tiempo.

Pareja - Diario Siglo XXI

domingo, 25 de abril de 2010

Ecologismo: ¿lo tienes claro?

yo no, la verdad.

Durante un tiempo pensé que yo era ecologista, al menos los síntomas lo decían: socio de ADENA desde pequeño, incontables árboles plantados, subir montañas como actividad favorita , defensor del transporte público ..., pero a la vez otras de las cosas que hago contrarían esta percepción. A saber, llevo un coche bastante pesado, uso el avión con frecuencia, me gusta más la carne que la lechuga, ...

¿Qué soy pues, ecologista, urbanita, pasota, inconsecuente? A veces, hasta he llegado a tener remordimientos por mi modo de vida insuficientemente "ecológico". No soy capaz de aclarerme, y mientras tanto, la publicidad institucional me machaca con el cambio climático, con la comida ecológica, con el estilo de vida sano.

Con todo, reconozco que el rollo ecologista institucional me marea. Y me cansa. Estoy harto de que los gobiernos nos pidan sacrificios a los ciudadanos para reducir las emisiones, para reciclar con eficiencia, para ahorrar energía ... y que luego se gasten el dinero en gilipolleces. Por ejemplo me indigna que me digan que los paneles solares son deficitarios. ¿Y acaso no provoca déficit el coste de cada "inauguración-autobombo"? ¿y el coste de los monumentos de gusto dudoso? ¿y el de los programas cutres de las cadenas públicas? ¿y el de remediar las cagadas de banqueros sin escrúpulos largamente aplaudidos por los mismos que hoy nos hacen pagar sus desmanes?

Cualquier autónomo sabe que no hay beneficio sin inversión, pero en este país vivimos pendientes del "cortoplacismo" de pequeñas victorias sin mucho esfuerzo. Los gobernantes no se plantean que en un plan de inversión a cincuenta años las energías renovables pueden suponer una fuente de ahorro de costes. Tampoco que potenciar la ingeniería ecológica, la ciencia medio-ambiental y la investigación en cultivos o ganadería sostenible es una apuesta para el futuro. Mientras tanto, nos exigen diligencia para llegar a objetivos loables, pero nimios.

¡Qué país, qué fatiga!

lunes, 19 de abril de 2010

Colonia

un día como hoy, en abril de 1944, una escuadrilla de bombarderos norteamericanos B-17 sobrevuelan el cielo alemán. Es un trabajo cotidiano que llevan realizando día tras día desde hace un año. Los americanos realizan sus raids de día bajo fuego enemigo pero con gran precisión. Sus aliados británicos, sin embargo, realizan sus misiones de noche, de una forma más imprecisa, pero más segura para los aviones.


Es de suponer que los pilotos ingleses saben que muchas de sus bombas caen sobre zonas civiles, pero a estas alturas de la guerra lo importante es que caigan dentro de las fronteras alemanas, nada más.

Poco a poco, industrias y ciudades quedan destruidas, arrasadas por toneladas de bombas. Me impresiona sobremanera esta famosa fotografía de la catedral de Colonia, saliendo de entre las ruinas. El puente sobre el Rhin hundido en el río, la estación de tren despedazada, y la catedral casi intacta pero oscurecida por las columnas de humo.


Los bombardeos seguirán cayendo sobre Alemania hasta el fin de la guerra, destruyendo toda industria alemana más grande que un taller. Colonia recibe en total 262 mortíferos raids aéreos, que culminan el 2 de marzo de 1945, con un ataque combinado de 858 bombarderos de la Royal Air Force. El ataque, diseñado para debilitar la defensa de la ciudad por parte del ejército alemán, apenas roza la infantería germana, pero termina de reducir Colonia a una montaña de ladrillos rotos.

lunes, 12 de abril de 2010

La movida

Hoy en "El Mundo" aparece una entrevista a Ismael Serrano donde el cantautor reflexiona sobre música y también sobre política. Una de las cosas que me ha llamado la atención es la siguiente:

"Nosotros padecimos 'La Movida', que suponía destapar una olla a presión pero dejar de lado todo lo que tuviera compromiso político profundo. Fue superficial. No dudo de que diera aportaciones culturales artísticas, como en la música pop, pero echó tierra por encima de muchísimas cosas"

Esa reflexión la hemos comentado varias veces entre los colegas. Es cierto qué aquella arenga de Tierno que finalizó con "a colocarse y a ponerse al loro" parece lamentable a oídos de hoy, pero también es cierto que ello le hizo estar cercano a la calle. Tanto que cuando murió, grupos como Barricada montaron un concierto homenaje para el fallecido alcalde. La movida no era sólo "pop", parece.

Volviendo a la "movida", podemos verlos como una panda de mataos con pocas ganas de currar y muchas de pasarlo bien. Al fin, ellos no sabían que estaban creando un mito. No sabían tocar bien, alguno incluso cantaba como un perro, pero esa era su rebeldía: pasar de todo.

Ismael Serrano es un tío comprometido. Y parece un chaval sano, no de los que se drogan ni viven para la juerga. Y poeta. Y quizá el hecho de pintarse de colores el pelo y pasar el día colgado no le parece rebelde sino banal. Pero quizá deba reflexionar en que cuando murió Franco los españoles apenas sabían nada de los sindicatos, del voto, de la paz mundial. Y que aunque ahora parezca que todo dios corrió delante de los "grises" la realidad es que la juventud española estaba tan coartada, que sólo corrían para tomarse una birra en el bar mientras escuchaban canciones de amor poperas. Algunas incluso tan poéticas como las que él compone.

Un extraño vacío en el lugar de los ojos -sin luz, sin brillo, sin
vida... sin ninguna expresión Unos labios de mármol, unas manos inertes... Su
cuerpo gris parecía apenas real.

Se esfumó una noche, se perdió en el silencio... Alguien llegó a decir
que todo fue una ilusión... Pero no pudo explicar por qué, cada aniversario,
ante la luna, las nubes dibujan un antifaz.