jueves, 25 de febrero de 2010

minutos

La hora se quedó fija

Miraba el minuto y no cambiaba

No llegaba el nuevo

Por  qué se me hace todo tan eterno

Por qué siento que mi vida entera pasa frente a un reloj que no avanza

Y mi ropa se hace vieja

Y mis zapatos se sueltan, se me salen

Mi pelo se seca, se despeina

Mis oídos se ensucian, se tapan

Y ya no oigo el ladrido de mis perros llamándome

Y me escucho respirar

Y pienso

Imagino

El día que pueda salir  de mí

Ese será un gran día

Cuando los minutos comiencen a avanzar

martes, 23 de febrero de 2010

Tranquilo majete

hoy he ido a la manifestación convocada por los sindicatos en Madrid en defensa de los derechos de los trabajadores. Cuatro gatos. Había más gente en el Bernabéu el domingo, y eso que durante la marcha no llovía. Ha sido una oportunidad desperdiciada para hacer ver al Gobierno que la gente está preocupada por su futuro.

Es una pena comprobar día a día que la gente no utiliza ya la libertad de expresión política. Durante muchos años no estuvo permitido hablar, y ahora que podemos, sólo rajamos en el bar. No salimos a la calle, muchos ya ni votamos ... en fin, así nos va la vida.

Viendo el percal, espero tener salud suficiente que me permita ahorrar dinerito y asegurar mi vejez antes de los 67 años, porque me faltan un montón de años aún para llegar a esa meta y por el camino seguro que a algún otro político se le ocurre incrementar aún más la cifra hasta los 68, 69, 70 ...

Qué envidia me dan los obispos que son capaces de convocar a millones de personas. Esos sí que saben.

lunes, 22 de febrero de 2010

Trabajar y esperar

hace ciento cincuenta años los trabajadores no tenían derecho a reunirse u organizarse, trabajaban sin medidas de seguridad, sin vacaciones, durante jornadas de 14 horas los siete días a la semana, podían ser despedidos sin preaviso ni indemnización y la palabra "pensión" no tenía otro significado que el de un lugar donde alojarse un par de noches.

Hoy, gracias a la presión social ejercida durante este siglo y medio, los trabajadores tienen derecho a negociar su salario, a negarse a trabajar si no se cumplen las leyes de seguridad e higiene en el trabajo, existen juzgados donde recurrir si creen vulnerados sus derechos y organizaciones laborales que les defienden. También tienen la obligación de contribuir durante su vida laboral a la hucha de la Seguridad Social, y el derecho a percibir parte de esa hucha en caso de que se cumplan determinadas eventualidades: cumplir 65 años, quedarse en paro, sufrir una enfermedad inhabilitante para continuar trabajando ...

¿Cómo continuará la historia de los trabajadores?

Puede ser que el coste de mantener estos derechos suponga una carga insoportable para las empresas y muchas de ellas cierren. Ello provocaría un incremento de parados cuyo sustento habría de costear la Seguridad Social a la vez que los ingresos para la hucha común decrecerían y una eventual espiral del paro terminaría por quebrar el sistema.

También puede ser que surja un gobierno inteligente que ataque el origen de los problemas y no se dedique solamente a poner parches en las consecuencias. Un gobierno que persiga a los que realmente encarecen el sistema: trabajadores holgazanes, capataces de plantación, falsos enfermos y parados, delincuentes fiscales ... ; un gobierno que dedique el superávit fiscal de los años de bonanza ahorrando para otros períodos menos boyantes.

Cualquiera sabe cómo acabarán las cosas, aunque, si tengo que apostar, me la juego a un par de parches.
Trabajar y esperar

hace ciento cincuenta años los trabajadores no tenían derecho a reunirse u organizarse, trabajaban sin medidas de seguridad, sin vacaciones, durante jornadas de 14 horas los siete días a la semana, podían ser despedidos sin preaviso ni indemnización y la palabra "pensión" no tenía otro significado que el de un lugar donde alojarse un par de noches.

Hoy, gracias a la presión social ejercida durante este siglo y medio, los trabajadores tienen derecho a negociar su salario, a negarse a trabajar si no se cumplen las leyes de seguridad e higiene en el trabajo, existen juzgados donde recurrir si creen vulnerados sus derechos y organizaciones laborales que les defienden. También tienen la obligación de contribuir durante su vida laboral a la hucha de la Seguridad Social, y el derecho a percibir parte de esa hucha en caso de que se cumplan determinadas eventualidades: cumplir 65 años, quedarse en paro, sufrir una enfermedad inhabilitante para continuar trabajando ...

¿Cómo continuará la historia de los trabajadores?

Puede ser que el coste de mantener estos derechos suponga una carga insoportable para las empresas y muchas de ellas cierren. Ello provocaría un incremento de parados cuyo sustento habría de costear la Seguridad Social a la vez que los ingresos para la hucha común decrecerían y una eventual espiral del paro terminaría por quebrar el sistema.

También puede ser que surja un gobierno inteligente que ataque el origen de los problemas y no se dedique solamente a poner parches en las consecuencias. Un gobierno que persiga a los que realmente encarecen el sistema: trabajadores holgazanes, capataces de plantación, falsos enfermos y parados, delincuentes fiscales ... ; un gobierno que dedique el superávit fiscal de los años de bonanza ahorrando para otros períodos menos boyantes.

Cualquiera sabe cómo acabarán las cosas, aunque, si tengo que apostar, me la juego a un par de parches.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Ohhh my little pretty one ...

suelo pasar muy deprisa la página de los obituarios (la de los que han "palmao" el día anterior, para entendernos) y la mayoría de las veces no leo nada de lo que pone en ella. Hoy, sin embargo, vi que había muerto Doug Fieger. Ya, ya supongo que ese nombre no os dice nada. A mí tampoco hasta que he leído que era el vocalista de The Knack. ¿Tampoco los conocéis? ¿ni siquiera a los que os volvéis locos tocando una guitarra invisible en el "Guitar Hero"?

Bueno, antes de daros por imposibles os doy una última oportunidad de recordar a The Knack con su super éxito "My Sharona" , uno de esos temas que justifican por sí solos la carrera de un grupo: