jueves, 31 de diciembre de 2009

La nieve

La “Morucha” está inquieta. Igual que las otras. Una a una, las vacas han ido acercándose al círculo de piedras como hacen siempre cuando la tormenta arrecia. Busco la cima del monte y no alcanzo a distinguirla a través de la nevada, sin embargo, el caminar de la niebla y la dirección del viento me cuentan que esta noche también habrá hielo en el Elenco. Es entonces cuando vuelvo la vista hacia el ganado y veo que ya están todas aquí, de vuelta, incluso la “Rubia” con su chotillo recién nacido. Menos mal pues ya anochece y no habría tenido fuerza para ir a buscarlos en medio de esta ventisca que no cesa.

Frío invierno éste. Aún no acaba diciembre y ya ha nevado cuatro veces. A este paso será como el año que conocí a Adela. Nadie hubiera imaginado que un niño se enamoraría perdidamente de una chica que le doblaba la edad, pero cómo no enamorarse a la vista de unos ojos que hablaban y de aquella boca que cantaba palabras burlonas frente a un mocoso que ya ni oía ni veía.

También nevaba aquél día en la feria de Navafría. Yo tenía sólo seis años y acompañaba por primera vez a padre al mercado de ganado más grande de la zona. En aquella ocasión no íbamos con intención de comprar ni vender, sólo a intercambiar noticias con otros ganaderos. No solía faltar nadie al evento más importante del Otoño y era una buena ocasión para enterarse de todo lo que acontecía en la comarca.

La nieve había aparecido de repente y en lo alto de la meseta donde se celebraba el mercado el frío era intenso incluso a mediodía. Supongo que mi padre pensaba en mí cuando entró a guarecerse en la tendezuela de Vicente, “el de la Barranca” pues todo el mundo sabía que no les unía una especial amistad.

En el chamizo hacía calor y olía ligeramente al estiércol de los burros y mulas que se apelotonaban afuera. Vicente se afanaba en servir vino a los parroquianos que hablaban a gritos sobre aquél caballo o de aquélla vaca. Entre los lienzos de tela gruesa que protegían del frío exterior se maldecía y se fumaba un tabaco apestoso pero fue allí, en aquél lugar que a mí me daba más miedo que calor, donde Adela me encontró. O eso dijo muchos años después.“te encontré,… te encontré” repetía como en una letanía mientras yacía acurrucada entre mis brazos, con sus piernas siempre frías enlazadas con las mías. Sí, fue una suerte que mi ella me encontrase.

Ah, aquéllas piernas, largas y blancas como estos copos de nieve que cuajan sobre la ladera.

Son ya dos noches esperando a que deje de nevar y noto que las vacas se inquietan. Pobrecillas, este torpe pastor ya no las cuida como antes. La vieja cabaña que les construí perdió el tejado el último invierno y ya no valgo para cubrirlo de nuevo. Aunque sé que no quedan muchos hombres en la aldea que tengan más edad que yo, realmente nunca fui de los más fuertes. Y menos ahora que sé que poco le queda ya a este viejo zorro. Quizá ellas lo presienten y por eso temen más de lo habitual a la tormenta. Las vacas saben muchas cosas.

Bah, hacía mucho tiempo que no pensaba en ella. Debería venir más a mi memoria , como hacía antes, pero las montañas son extrañas y mientras unas veces hurtan los recuerdos, otras los liberan de golpe llenando los valles de espectros del pasado. Y los espectros casi nunca vuelven para nada bueno.

Debería volver al círculo de piedras, pero los músculos no me responden. Maldito mareo, ¡y estas piernas inútiles!. Arrastrándome como hago ahora se va a hacer de día antes de que alcance el abrigo de las rocas y del ganado. Adela, cuánto me alegro de que hoy te hayas pasado por aquí a recordarme aquéllos años. Hoy seguro que hubieras sido tú la que te hubieras quejado de mis pies helados. Míralos, cubiertos de nieve aunque por alguna razón no siento frío.

Ven, acércate, ya no quiero avanzar más. Aquí estoy bien contigo.

Qué suerte que me hayas encontrado …
Fin de año con los Beatles

algo de buena música para despedir este 2009.

domingo, 27 de diciembre de 2009

¡Muera el buzón!

no sé vosotros pero a mí el correo me satura. Y no me refiero al correo electrónico, sino a las cartas de toda la vida. Diariamente me llegan 4 ó 5 sobres de bancos, de tiendas, de tarjetas de no sé qué o no sé cuál, de papeluchos varios que se van acumulando hasta que los abro en un rato perdido del fin de semana. Además, no sé qué tiene el papel, pero igual que cuando me llega una información del correo electrónico la despacho enseguida, me cuesta mucho tirar un papel a la basura si no lo he leído y releído.

Por suerte mi conciencia ecologista me ayuda en esta tarea y ya he pedido a los suministradores que me manden las facturas por Internet. Primero fue el proveedor de aDSL. Con la compañía del gas y de la luz tampoco ha habido problema, pero con los bancos no hay nada que hacer. Lo que les cuesta evolucionar, oye.

¡Si incluso los bancos on-line me mandan papelotes a casa!.

Harto estoy, y ya me he decidido, no voy a abrir la puerta a ningún cartero más. No, ni siquiera a ti. No insistas. Mi decisión es inamovible ...

miércoles, 23 de diciembre de 2009

¡Vendo! ¡vendo! ¡vendo!

hace unos meses salí del trabajo y tras entrar en El Corte Inglés, tres personas distintas se dirigieron a mí confundiéndome con un dependiente. Lo vi más o menos lógico en los dos primeros casos porque yo iba vestido con traje, al igual que los empleados de la planta de ropa de caballero. Con la tercera persona que me preguntó, ... ya no lo vi tan normal. En ese momento estaba en la sección de alimentación, frente a un frigo lleno de yogures ...
Desde entonces, cada vez que entro en el Corte me quito la corbata.



Hoy me ha vuelto a pasar algo similar. De nuevo por mi culpa, claro. Ir a Alcampo el día antes de Nochebuena, con pantalones negros, jersey de lana rojo, y con los dependientes verdaderos escondiéndose ante la avalancha de clientes ... es un cóctel peligroso. Una señora me ha preguntado por un libro y otra por unas plantas. Varios más me han mirado de reojo, incluso diría yo que con rencor (debían pensar que también me escaqueaba).

Al menos tengo el consuelo de que con esta cara de dependiente que gasto, si pierdo mi empleo actual pronto encontraré uno en alguna gran superficie.

Propósito de enmienda: prometo que para el 2010 aprenderé a camuflarme con mis semejantes. No más confusiones. ¡Quiero ser un cliente del montón! Y empezaré mañana mismo. Me iré al Centro y nada más llegar compraré un gorro cabeza-de-reno de los que se llevan este año, no sea que me confundan con un taxista o peor, con un político.

domingo, 20 de diciembre de 2009



Tiempos modernos

entro en un bar a tomar un café a eso de las 9 de la mañana. Mientras me enamoro de un donut de chocolate ( está para comérselo, uhmmmm ) veo de reojo como entra un hombre negro y se apoya en la barra justo a mi izquierda. Viene jodido de frío, con mono de trabajo y un gorro sucio de lana.

Sonrisa de oreja a oreja, saluda al barman y suelta, en voz bien alta:

_. "Camarerooo, un sol y sombra y un vaso de agua"
-. "coño, ¿también os gusta a los negros el coñá?"
-. "a ver, si te hubieras levantado a las 6 como yo, ¡ya te apetecería un refuerzo!"


parece que se conocen y con la broma y a estas alturas yo ya me he atragantado dos veces con el donut a causa de la risa, pero sigo leyendo el periódico sin levantar la cabeza. Yo a lo mío como decía la loca de mi pueblo.

-. "¿y el rollo ese del Corán , que no podéis beber y tal?"
-. "bah, bah"


me doy cuenta de que el negro (no era de color, era negro como la noche), tiene acento árabe, como marroquí o así, y se confirma cuando el blanco (el barman) sigue picándole:

-. "anda que os la hemos clavao bien con la Aminatu, ¿eh?"
_. "sí, sí, pero a mi me da igual"


el negro dice que es mauritano, pero al blanco, al que no debe sonar mucho por dónde anda Mauritania, sigue dándole a la manivela.

_. "es que siempre os ganamos a los marroquís"
_. "sí, sí" murmura el mauritano mientras da un sorbo al sol y sombra, un sorbo al vaso de agua.

Cambian de tercio y empiezan a hablar de fútbol. El camarero es del Atleti y el cliente del Barça. Ya tienen algo en común y empiezan a darle cera al Madrid. Ya no me río tanto ( snif ), pago y les dejo allí en amigable compañía y riéndose de algo que no alcanzo a oír.

Me alejo pensando que la tradición del sol y sombra matutino ahora la guardan los inmigrantes
y que ser del Madrí ya no es tan apreciado como antes ...