domingo, 7 de septiembre de 2008

Mi mundo. Mi aire.
Mi fuego. Mi muerte.
Cada neurona
cada fragmento
de esa luz necesaria
para esconderme
en oraciones.
Mi locura.
Mis dudas
y todo lo adecuado
para sentir que soy.
Ausencia.
Sólo polvo
en manos de la poesía.
Mi Poesía.

Sansadurniño-Piugos
















Dos reportages dedicados al trabajo, artesania y seguridad de los trabajos forestales. En Lamas ( sansadurniño ) nos explayamos en un estand acondicionado a tal efecto.
En Piugos apeo de un carballo procurando no causar desperfectos en los árboles lindantes ni en el cierre de la finca..... Se apeó controladas cada una de las ramas, dejando el tronco para, mediante una experta intervención haciendo una "bisagra" perfecta, enviarlo en la dirección planeada, el tronco con una exagerada curvatura hacia el Este se le proboco la caida acia el Norte.... 11:30 a 15:30

viernes, 5 de septiembre de 2008

¡Qué pena!

Los comentarios del artículo anterior me han hecho reflexionar en que hemos pasado de la obsesión por el "olvido histórico" a una obsesión aún mayor por la "memoria histórica".
Me educaron tras la muerte de Franco y, sin embargo, nadie me habló de la guerra civil en el colegio. Todo lo que descubrí en el instituto fue que el "alzamiento" se produjo un 18 de julio y la "victoria" un 1 de abril, tres años más tarde. Aparte de eso, sólo conocía algo de la guerra a través de la película "Por quién doblan las campanas" basada en la obra de Hemingway, corresponsal-turista durante la Guerra Civil. Quizá esta falta de formación se debía a que los libros de texto dedicaban pocas páginas y siempre al final del libro. Quizá.

Luego me fui enterando, a través de otras películas que hubo una batalla en Guadalajara, donde murieron más de 1.000 italianos ¿?, y gracias a la serie de la "La plaza del Diamante" me enteré de que la mayoría de los soldados republicanos no eran sino milicianos mal armados. Los kioskos estaban llenos de tebeos de "Hazañas bélicas", "Zona de combate" y similares, pero sus protagonistas siempre eran alemanes, ingleses o americanos. Ni rastro de la Guerra Civil.

Hoy sé lo que cuentan los libros de Historia. Libros de todos los colores, cada vez con menos contradicciones y con una verdad común: medio millón de muertos y otros tantos exiliados. Todavía me dan náuseas cuando alguien, en medio de alguna discusión política, suelta eso de que estamos en ambiente "pre-bélico". ¡Qué sabremos nosotros de eso!



Leer los nombres que aún hoy aparecen en la puerta de las iglesias me apena tanto como los descubrimientos de fosas comunes o la exhumación de pobre gente en cunetas perdidas. Todos ellos, gente común, gente inculta, carne de cañón, pagaron con sangre la soberbia de otros que sólo supieron del frente por los periódicos.

Sólo puedo culpar de la guerra a las “élites” de ambos bandos. A los jefes sindicales cegados por el fulgor de la revolución soviética, a los obispos temerosos de la “hidra roja”, a los terratenientes asustados por los crecientes derechos de la clase obrera, a los políticos anarquistas y socialistas obsesionados por dar la vuelta a la tortilla de la propiedad, a los militares que deseaban restablecer "el orden".

¡Qué asco!

jueves, 4 de septiembre de 2008

Saber que no me caigo
a pesar de los rituales.
Que no me rompo
en mitad de las peceras
y que la música brota hoy
del mar y sus jardines
es como asomarse al viento
y respirar voces de agua
e insomnio.
Toneladas de cansancio
envueltas con la piel de los ángeles
para emitir sonidos
con un tiempo determinado
para las pupilas del dios de los espejos.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

"In memoriam"

Aquéllos que no hemos sufrido el asesinato de un familiar difícilmente podemos imaginar lo que sienten los afectados. Tampoco nadie puede cuantificar quién sufrió más, si la hermana de una mujer apuñalada por su marido, el padre de un asesinado por ETA o los hijos de un hombre fusilado en una cuneta hace muchos años. Algún insensato aventurará si un asesinado valía más que otro o si incluso, se lo había “buscado”. Para mí todos son iguales y tienen en común sobre todo que su fatal destino fue decidido por otras personas sin escrúpulos y desde luego sin ningún derecho atribuido por el Estado.

Las otras víctimas, las familias, viven el resto de su vida sin su ser querido, pero al menos con la esperanza de que el matarife responda ante la ley. Por suerte, en la actualidad es raro que prescriba un delito de asesinato, pues el plazo de prescripción (20 años) se interrumpe cuando hay un procedimiento judicial abierto, y las más de las veces el delito es investigado y el asesino capturado.

Por desgracia no siempre ha sido así y la mayoría de los asesinados del siglo XX no han encontrado justicia en nuestro país. En España nos encontramos en una situación singular respecto a los asesinados por partidarios de los sublevados en la Guerra Civil. Normalmente deberíamos aceptar que desde entonces han pasado ya casi 70 años y que los delitos de asesinato han de estar prescritos. Punto y final desde el punto de vista legal. Pero, ¿y desde el punto de vista de la JUSTICIA?. Desde la Guerra Civil hasta ahora ninguno de esos delitos han sido investigados por el Estado, ni sus culpables perseguidos, ni siquiera ha habido una amnistía general declarada por el Congreso.

El gobierno actual, en una chapuza histórica sin precedentes, aprobó en la pasada legislatura la Ley de Memoria Histórica, poniendo los derechos de los familiares como excusa para sacar un legajo sin contenido y de eficacia propagandística muy discutible. Si de verdad quisieron resarcir a las víctimas tenían que haber asumido las tareas de encontrar a los muertos, de darles sepultura donde sus familiares eligieran y de resarcir a las familias con las indemnizaciones correspondientes. Nada de esto se contempla en esa “ley”. Sólo humo.


Pero el circo sigue, superándose número a número y esta semana, dando una nueva vuelta de tuerca al ridículo de nuestras instituciones, el antes juez y hoy justiciero Baltasar Garzón ha utilizado la autoridad de la Audiencia Nacional para requerir información a varias instituciones sobre el paradero de los asesinados en la guerra. ¿En base a qué ley, a qué legitimidad, se mete la Audiencia Nacional en semejante charco? Nadie lo sabe, pero lo peor es tener la certeza de que, el numerito tan sólo servirá para remover la memoria de unos cuantos abuelos, dándoles unas esperanzas que terminarán en papel mojado.