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martes, 10 de septiembre de 2013

amanece la casa

La casa oscurece temprano
Casi a las 10 de la mañana de un día nublado
Es así
Cuando amanece la casa casi no se entera
Abrimos las cortinas, dejamos que entre un poco de luz
Un poco de brisa
Aire
Un poco de conversaciones de corredores
De muchachitas paseando perros pequeños
De entrenadores de pilates
Personal trainers
La casa se llena de olor a pan, café.
La casa se llena de besos, ladridos, maullidos, hasta las 10 de la mañana.

En adelante la casa se queda sola. La perra y la gata no hablan, no emiten sonidos entre sí. Se separan, la perra en el sillón, la gata al techo. Hasta que llega la noche. Y llegamos, los pasos humanos, las manos, las llaves. La correa para salir a pasear, las hornillas se encienden, como las luces, todas las luces artificiales. La gata baja, pide comida, pide agua. La casa oscura va perdiendo el frío. Se enciende la tele, va ganando reflejos en la pared, ruido, comerciales, partidos de tenis, algún cantante que imita a otro cantante. Quisiera oír lo que oye la casa. Saber qué elige para sí, con qué se queda de todo esto. O si espera a mañana o a pasado mañana, a otro día donde los ruidos sean otros, donde la luz venga y no se vaya tan temprano, donde la luz se quede, se instale, con olor a nuevo, a otro comienzo.